domingo, 12 de enero de 2014

Grandes Compositores (por Alfred Brendel)



Alfred Brendel es un pianista nacido en la antigua Checoslovaquia. Ha hecho grabaciones de compositores como Prokófiev, Beethoven, Liszt, o Schumann. Entre sus obras literarias, únicamente en castellano, encontramos "De la A a la Z de un pianista", de cuyo libro hemos tomado pequeños fragmentos. A continuación, una lista de los mejores compositores clásicos, de cómo eran y de cómo deben de interpretarse según Alfred Brendel. 




  • BACH: Cuando Beethoven, hablando de Bach, exclamó que no debería haberse llamado Bach ('Arroyo') sino Mar, no sólo estaba refiriéndose a la abundancia y variedad apenas concebible de sus más de mil composiciones, sino también a la capacidad creativa de este supremo exponente de la familia más extendida de músicos profesionales que jamás haya existido.

  Para mí, Bach es el gran maestro de la música en todos los instrumentos de teclado, iniciador del concierto para piano, creador de las Variaciones Goldberg, maestro de la suite y de la partita solistas, del preludio coral, de la fuga y de la cantata. Cuando en la postguerra y durante décadas se confiaron las obras para tecla de Bach únicamente al clavicémbalo y al clavicordio, se privó a los jóvenes pianistas de la fuente principal de la interpretación polifónica. La afirmación de que Bach no pertenece a la época del piano moderno se ha convertido ya en nuestros días en un punto de vista superado. Con los instrumentos actuales se puede individualizar cada voz por separado y hacer más potente el desarrollo contrapuntístico de una fuga. Podemos tocar de una manera orquestal, ambiental, colorista y cantarina. Pretender limitar de estar manera a un compositor que fue a su vez uno de los arreglistas más decididos de obras propias y ajenas puede parecer fuera de lugar incluso a ciertos defensores del historicismo musical.


Más alla del reino sin límites del contrapunto de Bach, no debemos olvidarnos del Bach dde las fantasías y tocatas, osado y de imaginación desbordada, como en la fabulosa Fantasía (preludio) en la menor BWV 922, donde ningún compás permite intuir que sucederá en el siguiente.
  Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX, ha resurgido también con claridad la figura gigantesca y complementaría de Georg Friedrich Händel. EL hecho de que nos hayamos familiarizado con un buen número de sus obras es para mí uno de los regalos más bellos. EL dramatismo de sus óperas y oratorios, la creación vocal que no queda a la zaga de las de Mozart y Schubert, la fogosidad de sus coloraturas, su claridad y generosidad hacen que se le sitúe ahora a la misma altura que el Kantor de Santo Tomás de Leipzig.



  • BEETHOVEN: Gran maestro de la música de cámara, de la sonata, de la variación de la sinfonía.

  ¿Qué otro compositor recorrió en su vida un camino musical tan amplio? Nosotros, los pianistas, tenemos la suerte de poder recorrer ese camino a través de sus 32 sonatas para piano hasta llegar a los cuartetos tardíos, a los que se suma el cosmos de las Variacioens Diabelli y las Bagatelas op. 126. Un concentrado maravilloso de esta evolución nos lo ofrecen las cinco sonatas para violonchelo y piano.
  ¿Qué otro compositor posee un abanico tan amplio entre lo cómico y lo trágico, entre la ligereza de muchos ciclos e variaciones y las fuerzas de la naturaleza que él no sólo desata sino que mantiene siempre bajo sus riendas? ¿Y qué maestro logró, como lo hace Beethoven en sus obras tardías, reunir el presente, el pasado y el futuro, lo sublime y lo profano?
  Sigue habiendo prejuicios contra los que nos vemos obligados a reaccionar, como la idea de un Beethoven absolutamente heroico y titánico, o la creencia de que su estilo en los últimos años se inclina hacia lo esotérico. No olvidemos que podía ser grácil a su manera y que su ternura, su dolce,
es un rasgo tan distintivo de su personalidad como lo son su vehemencia y su altivez.



  • BRAHMS: El joven Brahms fue un pianista que en sus comienzos no dudaba en ofrecer una paráfrasis operística de Thalberg. Me gusta imaginármelo en casa de los Schumann sentado al piano, con su aspecto encantador a pesar de su baja estatura. La combinación de virtuosismo y arraigo a la música de Bach y de Beethoven unida a una propensión al romanticismo de maestro de capilla a los Johannes Kreisler tuvo que electrizar por fuerza a Robert y Clara Schumann. Una inclinación al virtuosismo, a la presentación de nuevos e inauditos retos pianísticos se halla presente al menos en una parte de su música para piano. En esto y en una cierta predilección por el folclore gitano y húngaro encontramos incluso un paralelismo con Franz Liszt, su antípoda de mayor edad.



  En el Concierto en re menor, surgido de bajo el influjo de la locura de Schumann y reelaborado varias veces, logró crear en realidad el concierto sinfónico para piano y orquesta más monumental que existe. Su grandeza heroica y conmovedora no sólo está exenta de la beatitud que surge de las terceras y sextas, sino que además consigue evitar el exceso de complejidad polirrítmica. Parece ser que cuando el joven compositor tocó esta obra en 1859 en la Gewandhaus de Leipzig, quedó bastante satisfecho consigo mismo aunque el público silbó. Es muy posible que los oyentes no consiguieran distinguir la parte solista. En los pianos de cola de aquel entonces, ni siquiera esa atlética parte pianística de la partitura tenía la más mínima posibilidad de descollar sobre la orquesta.
  Pese a toda mi admiración por las variaciones, rapsodias e intermedios posteriores y pese a toda mi reverencia por el híbrido entre sinfonía y música de cámara que es el Concierto en si bemol mayor, en mi opinión, el Brahms más puro se encuentra entre el primer Trío para piano y el primer Sexteto de cuerda. Siento una especial inclinación hacia este Brahms, y especialmente hacia su Concierto en re menor.



  • CHOPIN: Entregado por completo al piano, es el soberano en el ámbito de los estudios, de la mazurca y la polonesa, creador de baladas, scherzi e impromptus, pero especialmente de los Veinticuatro preludios, una cumbre absoluta del a música para piano. Apenas puede entenderse que Busoni fuera, al parecer, el primer virtuoso importante del en tocar los Preludios como un ciclo, porque ciertamente Busoni no se contaba entre los especialistas en Chopin. En la actualidad serán pocos los pianistas que recuerden que la interpretación de Chopin, hasta mediados del siglo XX, estaba reservada principalmente a los especialistas. Había muy buenos motivos para que así fuera. Chopin, dejando de lado unas pocas composiciones, fue un puro compositor de obras para piano. Adoraba el canto, pero no deja ninguna canción que pueda cantarse realmente. Y en consecuencia, la unión íntima del piano con el ritmo del conjunto, con la coloración orquestal, con los timbres de otros instrumentos, está ausenten en su obra. EN otros grandes maestros, esa unión íntima resulta natural porque una buena parte de su imaginación musical nunca se desvinculó de esos otros ámbitos, mientras que Chopin creaba fundamentalmente, por no decir exclusivamente, a partir de su instrumento. No es demasiado extraño que desarrollara un estilo interpretativo muy personal, que se adecuaba a su propia música y era asimismo inadecuado para ejecutar la de los demás. La música de Chopin exige al pianista el esfuerzo de todo su ser. Entretanto esta ave del paraíso llamada Chopin se ha integrado a la corriente principal de la música.

  ¿Dónde está el intérprete situado en algún punto intermedio entre el núcleo poético de esta música, entre los extremos del conservatorio y del café- concierto? Irónicamente, Chopin, al contrario que Schumann o Liszt, apenas hablaba de poesía.



  • HAYDN: Creador de un verdadero universo de cuartetos para cuerdas, un gran maestro de la sinfonía y de la misa; en comparación con el sorprendente compositor Carl Philipp Emanuel Bach, es el exponente de nuevos órdenes clásicos, al mismo tiempo explorador y aventurero, inventor de nuevas formas como la variación doble, y primer soberano de los cómico en los cujartetos, sinfonías y sonatas. Además de los cuartetos, sinfonías y sonatas. Además de los cuartetos, los tríos para piano forman un continente todavía muy poco explorado.

Entre sus muchas sonatas para piano hay más de una docena de ellas que poseen un rasgo de genio extremadamente personal. Voy a citar tres: con la Sonata en do menor de Haydn da comienzo una serie de asombrosas obras en do menor que conducen hasta Schubert pasando por Mozart y Beethoven. Su tardía Sonata en do mayor es un ejemplo paradigmático del arte cómico del piano que en su final se interna ya en el disparate. Y la última de sus sonatas, la Sonata en mi bemol desarrolla una nueva escritura para piano que rivaliza con la orquesta. El hecho de que en una obra en mi bemol mayor un compositor componga la parte central en mi mayor es un ejemplo chocante-pero de ningún modo aislado- de la audacia de Haydn.


  • LISZT: Soberano romántico del piano. Creador de la pieza religiosa para piano. Cronista de peregrinajes musicales. Practicante incansable de la transcripción para piano y de la paráfrasis. Precursos radical de la modernidad. Fuenta musical de César Franck y de Scriabin, de Debussy y de Ravel, de Messiaen y de Ligeti.

Comprendemos que Liszt fue un eminente artista del piano cuando nos familiarizamos con sus obras para este instrumento. Y no me estoy refiriendo aquí a su técnica trascendental de interpretación sino al alcance de su fuerza expresiva. Como <<genio de la expresión>>, tal como Schumann lo denominaba, éñ-y sólo él- abre el horizonte de todo lo que puede ofrecer el piano. El pedal es en esta labor un medio de expresión de enorme importancia.
Son varias las razones para esa fama fluctuante que posee Liszt como compositor: I. la diferente calidad de sus obras (con escasas excepciones, debemos buscar sus mejores creaciones en su música para piano); 2. el abanico estilístico de su música que absorbe el influjo de la música alemana y francesa, la ópera italiana, el elemento gitanohúngaro así como el canto gregoriano; y 3. el hecho de que la música de Liszt depende de la calidad de su interpretación como no ocurre en ningún otro maestro. En él, para utilizar un aforismo de Hebbel, la música sólo se hace <<visible cuando se posa sobre la partitura el ojo apropiado>>.
Las obras para piano más significativas de Liszt, de las cuales voy a mencionar aquí únicamente la Sonata en si menor, los Années de pèlerinage [Años de peregrinación], las variaciones sobre Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen [Llanto, la mento, preocupaciones, temor], sus Góndolas lúgubres y su estudios más bellos, en mi opinión se sitúan junto a las de Chopin y Schumann. Su Sonata en si menor supera en originalidad, audacia y armonía de conjunto a todo lo que se ha escrito en este género de música desde Beethoven y Schubert.
Según Lina Ramann, su primera biógrafa, Liszt es, ante todo, un poeta lírico del sonido, un orador, rapsoda y actor. Exige del intérprete un <<gran estilo>>, intimismo y pasión. En una ieza como Valle de Obermann todas esas cualidades son evidentes. Por lo demás, la arrogancia improvisadora que se le suele atribuir entra en contradicción con las descripciones de su interpretación durante la última etapa de su vida . No olvidemos que, como <<maestro de capilla>> de Weimar, Liszt estuvo doce años en contacto permanente con la orquesta; una obra como la Sonata en si menor debería contemplarse también desde esta perspectiva. La extraordinaria orquestación que Leo Weiner hizo de la Sonata en si menor puede ofrecerle al intérprete información más esencial que la necesidad de improvisar una febril sucesión de sueños. Las cifras del metrónomo en la edición de Siloti del Totentanz [La danza de los muertos], igual que en la de las <<enseñanzas de Liszt<<, confirman que a Liszt se le suele interpretar a una velocidad excesiva. Sin embargo, lo último queme parece Liszt es brío por el brío mismo. También debería mantenerse alejado de su música todo elemento perfumado, de salón, todo lo afeminado, como se decía antiguamente. La grabación que Wilhelm Lkempff realizó de la primera leyenda de (<<El sermón delos pájaros>>) en 1950 nos ofrece una interpretación poética de Liszt de una calidad insuperable.
Algunas de las piezas del último Liszt nos sitúan al borde del enmudecimiento; otras, como Unstern [Mala estrella], van progresivamente en aumento hasta alcanzar una energía pasmosa, incluso bárbara. Y así, hoy descubrimos, con un retraso de cien años, que es posible transmitir a los oyentes algunas de esas obras de senectud.




  • MOZART: Gran maestro de la ópera, del concierto para piano, del aria de concierto y del quinteto de cuerda. Me parece que sus sonatas para piano no son apreciadas debidamente, con muy escasas excepciones. Artur Schnabel explicó acertadamente el motivo: son demasiado fáciles para los niños y demasiado difíciles para los artistas. Los sonidos que surgieron la mayoría de ellas son los de un divertimento para instrumentos de viento; otras, como la famosa Sonata en la mayor KV 331 y la Sonata en do menor KV 457, igual que la Fantasía en do menor KV 475, son claramente orquestales. De estas dos últimas hubo ya varias versiones para orquesta al poco tiempo de la muerte de Mozart. Tienen un valor especial las obras relativamente raras de Mozart en modo menor: el Rondó en la menor KV 511 y el Adagio en si menor KV 540, son soliloquios. Impresionantes en su audacia cromática son el Minueto KV 355/576 Y La Giga KV 574.
  Wagner admiraba a Mozart por su riqueza cromática. Mozart (me cito a mí mismo en este punto)no es ni de porcelana ni de mármol, ni de azúcar. Hay que evitar con cuidado al Mozart gracioso, al Mozart perfumado, al Mozart extático, al Mozart de mírame y no me toques, al Mozart hinchado sentimentalmente y al Mozart poético las veinticuatro horas del día. Una clave importante para la interpretación de Mozart está en el canto operístico.
  El Mozart maduro dice lo que tiene que decir con una ausencia de impurezas muy insólita en compositores de alto nivel. Son más bien los maestros menores quienes retocan y alisan con estilo clasicista lo que sus excelentes predecesores dejaron en forma árida, oscura, osada o chocante. En los bellos aforismos de Busoni sobre Mozart aparece la siguiente frase: <<Con el enigma me da la solución>>. 

  • SCARLATTI: Gran maestro de la sonata preclásica, es decir, de la pequeña pieza en ods partes, de una variedad arrebatadora en cualqueir formato similar. Sin embargo, en mi opinión, Scarlatti pertenece casi de modo exclusivo al clavicémbalo. Encuentro en las grabaciones de Andreas Staier la nitidez y la claridad mediterránea de su sonido, pero también esa extravagante imaginación suya. 
    
  • SCHUBERT: Creador de todo un universo de unos seiscientos Lieder, con grandiosas aportaciones para la música de cámara y la sinfonía. Gran maestro de la música para piano a cuatro manos.  
  Tal vez Schubert sea el fenómeno más asombroso de la hsitoria de la música. No hay parangón posible en la abundancia de lo que llegó a producir en sus treinta y un años de vida. 
  Quiero citar aquí también sus obras de piano a dos manos. Exceptuando los Impromptus y los Moments musicaux, la mayoría de ellas fueron desdeñadas durante mucho tiempo. A su vez, las obras de ños años 1822- 1828, es decir, desde la Fantasía Wanderer hasta la Sonata en si mayor, merecen los más altos honores. El dramatismo de sus desarrollos basta para desmentir el mito de que Schubert fue un lírico puro. La Fantasía Wanderer transforma el piano de cola drásticamente en una orquesta de un modo insólito hasta entonces. Resulta prácticamente milagroso que un compositor que no era ningún virtuoso de la interpretación del piano tuviera un instinto semejante para avistar y hacer suyas nuevas y futuras posibilidades del sonido y la textura del piano. Hasta las sonatas más tardías están compuestas con sentido orquestal y deberían sonar de manera orquestal, quizás con excepción de las tres últimas, que se acercan más al quinteto de cuerda. En contra de la opinión de que no introdujo nada esencialmente nuevo en la escritura para piano, el estilo de Schubert posee un aura pianística muy personal que, sin embargo, sólo puede resultar eficaz si se hace intervenir el pedal de una manera sensata e inspirada. La notación de Schubert en las obras para piano se toma con frecuencia con demasiada literalidad y se malinterpreta.

  • SCHUMANN: Es uno de los grandes maestros del Lied y de la composición pianística romántica. En la brillante serie de sus tempranas obras para piano advertimos una especial predilección por la realidad profana de las ferias y de las salas de baile, mezclada con los mensajes de amor a Clara y con el aura espectral de los relatos de Hoffmann. Encontramos virtuosismo bajo el influjo de Paganini al mismo tiempo que una mirada poética sobre los niños en las Kinderszenen [Escenas infantiles]. El piano orquestal le hace justicia: en los Symphonische Etüden [Estudios sinfónicos], Schumann reunió los estudios, las variaciones y el poder de la orquesta. Sus Papillons op. 2 captan atisbos del momento siguiendo la estela de las Once bagatelas op.119 de Beethoven; y Faschingsschwank [Escenas del carnaval de Viena] reproduce el torbellino de la danza vienesa. Asimismo, el Carnaval nos permite admirar una galería de máscaras y retratos; en la Humoresca los asuntos íntimos se mezclan con la volubilidad del humor a la que alude su título. Las piezas de la Kreisleriana ponen en acción alternativamente al maestro de capilla Kresiler (sol menor), y a Clara (si bemol mayor), mientras que la gran Fantasía en do mayor sigue siendo para mí, en lo que tiene de apasionada y meditabunda, el <<símbolo del alma del piano>> (Edwin Fischer). 
  A pesar de todos estos elemento fantásticos y turbulentos, Schumann sigue siendo un compositor alemán. Romantizar a Schumann a la manera francesa o rusa supone para el intérprete la perdición. Precisamente lo apasionado y fantástico del primer movimiento de la Fantasía en do mayor exige del intérprete síntesis y visión de conjunto.
  Entre las diferentes grabaciones de Schumann realizas por Alfred Cortot en los años treinta, me parece inigualable la de los Symphonische Etüden [Estudios sinfónicos] (salvo el final) y la del Carnaval (salvo la introducción y el final). 

Si te han gustado estos consejos por el pianista y escritor Alfred Brendel, puedes comprar su libro de consejos para el perfecto pianista (y músico) haciendo >click aquí<

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar. Tu opinión nos interesa.

Translate